MEDITANDO RAZONES PARA MEDITAR

 

Todos queremos ser felices y evitar el sufrimiento.  Consciente o inconscientemente, la motivación de nuestras acciones está anclada en este anhelo humano básico.  Pero la mayor parte de las veces andamos a tientas, sino a ciegas, logrando placeres efímeros cuando no chocando con sufrimientos autoinfligidos.  A lo largo de la vida, a medida que crecemos, probamos una y otra estrategia, para confirmar una vez más que la felicidad duradera se vuelve esquiva, y que lo que la prometía suele convertirse a la larga en una nueva frustración. 

 

Qué nos está diciendo esa larga serie de frustraciones y tropiezos ? que esa felicidad no es posible ?  Más bien parece ser la forma que tiene la Vida de notificarnos que el camino no es por ahí.  Como si fueran carteles de contramano, o de calle sin salida,  es a través de ellas que nos llega el aviso, o el grito, de que debemos torcer el rumbo en dirección opuesta.

Todas las tradiciones espirituales nos dicen, cada una en su idioma, que el ansiado reino de los cielos reside en nuestro interior.  Por qué seguir buscando afuera ?   La meditación es, precisamente, la herramienta para volvernos hacia nuestro interior y transformar nuestra mente.

 

Aunque tarde o temprano intelectualmente llegamos a esta certeza, no terminamos de encarnarla y hacerla propia, y más tarde que temprano, o con imprudente demora, postergamos el giro que nuestra vida nos reclama y no encaramos más que tibiamente una transformación parcial.  Es esta actitud razonable, siendo que está en juego nuestra propia felicidad, duradera y genuina ?   Buena pregunta para llevar a nuestra meditación, y ver claramente que no, que no es razonable y que si no la atendemos es por el poderoso poder del hábito que nos mantiene atrapados en un estilo de vida insensato.

Meditemos un poco más sobre el punto y asomará una palabra:  renuncia.  No puede haber logros significativos en nuestra meditación si no desarrollamos una actitud de renuncia.  No de renuncia al mundo, claro está, sino a una manera de vincularnos con él, renuncia a un estilo de vida que pone todo el esfuerzo en lo material y en los vínculos como poseedores por si mismos del poder de hacernos felices. 

  

No hay nada de malo en gozar de buenos momentos con amigos y de disfrutar de una buena familia. Por el contrario, puede ser maravilloso.   Pero si lo que tenemos para ofrecer no es mucho más que nuestra mente poblada de confusión, apego y miedos, lejos estaremos de darles a ellos y a nosotros mismos algo digno de llamarse felicidad.  Solo desde la conexión con nuestro centro amoroso, sereno y compasivo al que se accede por medio de una mente aquietada por la meditación es que podemos dotar a esas relaciones de plenitud y sentido.  Es realmente eso lo que estamos ofreciendo actualmente a nuestro entorno ?

Es efectivamente en nuestro entorno cercano donde podemos encontrar razones para meditar, esas que necesitamos para convencernos de dejar de dar vueltas como un perro mordiéndose la cola y sentarnos finalmente en el almohadón.   Si por un hijo, padre o madre, o por un hermano o un amigo, estamos dispuestos a hacer los mayores esfuerzos cuando los vemos en dificultades o necesitados de ayuda, cómo no encontrar en ellos el incentivo necesario para desarrollar una práctica constante de meditación y regalarles su beneficio y la mejor versión de nosotros mismos ?   El prójimo como motivación y ofrenda, como oportunidad y regalo,  sabiendo que no obtenemos sino lo que damos.  

 

Unos pequeños primeros pasos en la meditación y asoma claro nuestro estado mental acelerado y disperso (para usar suaves adjetivos compasivos).  Pero esta suerte de señal de alarma no debe asustarnos. Es el principio del despertar y más bien puede ayudarnos a ver que no debemos insistir en un tipo de vida agotado, y a decidirnos a cambios que nos lleven a una mayor quietud.   Otra vez la sana renuncia:  a sobrecargarnos de actividades sociales inconducentes, de noticias e información inútiles, de internet en todas sus formas y de comunicaciones constantes y contaminantes.

Cómo pedirle a nuestra mente que nos dé paz si nosotros a ella sólo le ofrecemos agitación !  Tampoco podemos pedirle al almohadón que haga todo el trabajo en media hora, por ejemplo, mientras las 23 y media restantes de nuestro día se parecen a un huracán.  

 

Existe asimismo una dimensión social, comunitaria, en esto de las razones para meditar.  A todos nos preocupa el ambiente en que se desarrolla y desarrollará nuestra vida y la de nuestros seres queridos.  Frente a noticias decepcionantes más de una vez corremos el riesgo de caer en el desencanto y la apatía, suponiendo que no queda nada por hacer.   Pero ya se ha dicho: paz en uno mismo, paz en la familia, paz en la comunidad, y así hasta el mundo entero.   La práctica de meditación y su paz como resultado, es también recuperar nuestro poder y prestar un invalorable servicio social. Es alinearnos en pos de una verdadera revolución, pacífica y amorosa.  Es practicar abrir el corazón tan ancho como para llegar, algún día, a abrazar el mundo entero, tan dramáticamente sediento de compasión.

 

Elevar nuestra motivación es necesario para sostener una práctica constante. Y al elevarla podemos  ver que no es tanto el esfuerzo a realizar comparado con los resultados potenciales y notamos que, eventualmente, es mayor el esfuerzo por sostener una forma de vida sufriente y condicionada por el hábito. Elevar nuestra motivación y recordarla diariamente es entrar a la clase de yoga sabiendo que el beneficio de un cuerpo físico fuerte y sano por la práctica de ásanas es, antes que nada, un regalo que queremos hacer a nuestra práctica de meditación. 

 

Meditar es a la vez afinar la mente y expandir el corazón, recordando quienes somos realmente.  Es anclarnos en el momento presente y descubrir en él sus maravillas.  Es paz y fortaleza duraderas, aún a pesar de las inevitables tormentas que la vida nos depara de tanto en tanto.  En palabras del Buda, es perder el miedo a la enfermedad, la vejez y la muerte.  Se parece bastante, entonces, al reino de los cielos.

 

Pero así como no es posible llegar a destino solo mirando el mapa, ni saborear una comida por su receta, no nos queda otra que hacer el trabajo por nosotros mismos.  Aunque la guía de un maestro es necesaria y la lectura de libros ayuda, meditar es meditar. Entonces: manos a la obra !  Pero el esfuerzo de la práctica constante combinado con la motivación adecuada vale bien la pena, ya que necesaria e inevitablemente traerá sus frutos, como trae sus frutos la primavera que comienza.

 

Antonio,  profesor de Kaladanda

 

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