Tips para la practica del Yogui o Yoguini

1.15 Hay seis cosas
Que harán que tu práctica de yoga
Se deteriore:
Comida excesiva u otro tipo de estímulos;
Hacer viajes al exterior;
Hablar sin sentido;
No mantener tus compromisos;
Estar en medio de grupos de gente;
Y tener inconsistencia o agitación
En tu práctica.

Del Hatha Yoga Pradipika,
Maestro Swatmarama.

El Maestro Svatmarama escribió el Hatha Yoga Pradipika en la India hace varios siglos atrás (la fecha es incierta, se estima que fue entre 1350 y 1500), como un manual paso a paso para alcanzar la iluminación. En este verso nos da una serie de consejos, acerca de las cosas que debemos evitar para que nuestra práctica “no se deteriore”. Estas simples instrucciones fueron escritas cientos de años atrás, por un yogui, en un país lejano al nuestro no solo en distancia, sino también en lo cultural, ¿podemos aplicar sus consejos a nuestra agitada vida moderna? Pareciera que nos pide que renunciemos a tantas cosas que nos gustan, a las que estamos tan apegados. Sin embargo, todas esas cosas son las que nos producen sufrimiento, no porque sean malas en sí mismas, sino porque estamos convencidos que nos producirán felicidad.

Comida excesiva u otro tipo de estímulos.

Comer demasiado, parece obvio, no es propio de un yogui o una yoguini. La imagen que tenemos de un buen yogui, es de una persona delgada, liviana, y flexible. Si comemos en exceso, es evidente que no tendremos ese cuerpo que imaginamos. Cuanto comemos entonces es importante, y a medida que avancemos en nuestra práctica, esto debería volverse algo natural y espontáneo que no implica una restricción activa de nuestra parte; comenzamos a percibir que es lo que nuestro cuerpo nos está pidiendo, que es lo que necesita, y probablemente, comience a necesitar mucho menos. A veces no es la cantidad de comida lo que nos perjudica, sino el apego que tenemos a determinados alimentos, nuestra adicción al azúcar, o al chocolate por ejemplo. Esto quizás sea más difícil de dominar que la cantidad, ya que muchas veces implica un cambio de hábitos muy arraigados; acostumbramos a nuestros cuerpos a determinados alimentos, y cuando los queremos dejar, se siente la abstinencia. Esta vida loca nos pide estímulos, más café, más azúcar, y no estamos acostumbrados a parar, y escuchar, que es lo que realmente estamos necesitando. Este cuerpo humano en el que nacimos, será el vehículo para nuestra iluminación, por lo tanto debemos cuidarlo como a un templo; si queremos tener el cuerpo de un ser iluminado, debemos tratarlo como tal.

Hacer viajes al exterior.

¿No podemos viajar, irnos de vacaciones? ¿No será demasiado? Estamos constantemente buscando cosas afuera que nos hagan felices, y los viajes son un claro ejemplo. No creo que se trate de no viajar nunca más, ni de no tomarse vacaciones. Creo que se trata de ver donde tenemos nuestro foco, donde está nuestra intención. ¿Estamos buscando miles de distracciones, para seguir dormidos y no pensar? El camino espiritual es un viaje hacia nuestro interior, y no necesitamos ir a la India para dar un vuelco a nuestras vidas.

Hablar sin sentido.

Este es otro pasatiempo en el que nos enganchamos fácilmente. No solo en nuestras conversaciones, con el chusmerío y la charla sin sentido, sino también en el tiempo que dedicamos leyendo sobre la vida de otros, por lo general deleitándonos en sus desgracias y problemas. Tampoco significa que ahora nos volvemos mudos, y solo hablemos de cosas “importantes”. Corremos el riesgo de caer en la soberbia espiritual, creyendo que nosotros solo hablamos de cosas profundas, y juzgamos a nuestros amigos o familiares. Otra vez, lo importante es la intención que tenemos en nuestro corazón. Seguramente tenemos que escuchar más, y hablar menos, y que nuestras palabras sean un servicio para los demás.

No mantener tus compromisos.

Aquí el Maestro Svatmarama nos da una lista muy precisa de diez compromisos que recomienda que respetemos. Debemos tener disciplina en nuestra práctica, si practicamos sin constancia en el tiempo y sin esfuerzo, difícilmente veamos resultados. También debemos practicar el contentamiento, estar contentos con lo que tenemos, no estar permanentemente pensando que “necesitamos” otro par de botas, u otro libro de yoga, porque entonces sí, ahí vamos a ser felices. Luego dice “creer en cosas elevadas”, o sea, no banalizar las cosas y las personas en mi vida; si no practico verlos a todos como sagrados, difícilmente pueda alcanzar a ver una mejoría en mi mundo. Dar, ser generosos, no dar lo que nos sobra o nos molesta, dar lo que el otro necesita, cuando lo necesita, y eventualmente, como decía la Madre Teresa, dar hasta que duela. Hacer ofrendas a tu Maestro, tratarlo como lo más sagrado que hay en mi mundo; y recordar porqué le hago ofrendas, ya que él o ella, no necesitan nada. El Maestro también dice que debemos escuchar enseñanzas y estudiar, necesitamos miles de horas de enseñanzas y estudio para poder entender de donde vienen realmente las cosas en nuestro mundo. Luego habla de tener un sentido de vergüenza, y aquí hay dos tipos de “vergüenza”. Hay un tipo de vergüenza que es la hace que dejemos de hacer ciertas cosas, aún cuando nadie nos ve, porque no queremos ser ese tipo de persona, queremos ser éticos. El otro tipo de vergüenza es cuando evitamos hacer algo malo, porque nos da vergüenza que nos vean, ya sea nuestro maestro o nuestros seres queridos. Los últimos dos compromisos que menciona Svatmarama son la recitación de mantras, y las ofrendas de fuego (esta última se realiza generalmente en el contexto de algún retiro o al finalizar un retiro).

Estar en medio de grupos de gente.

Este consejo es especialmente complicado para muchos de nosotros. Vivimos en una sociedad en la que se le da gran importancia a la familia y la amistad. Estamos ocupadísimos, tenemos que sacar la agenda para encontrar un espacio libre, para encontrarnos con nuestros amigos. Todo esto ocupa lugar en nuestra vida, ocupa tiempo que podríamos estar dedicando a nuestra práctica. No se trata de convertirnos en ermitaños, sino de restringir la vida social a lo indispensable, y tener en claro cuáles son nuestras prioridades. Si me voy a quedar despierta hasta la madrugada en una reunión, difícilmente podré levantarme temprano para meditar antes de comenzar mis actividades.

Y tener inconsistencia o agitación en tu práctica.

Si no evitamos todo lo anterior seguramente tendremos inconsistencia y agitación en nuestra práctica. Me imagino una semana llena de reuniones, quizás como a fin de año, o ese mes que caen juntos todos los cumpleaños. Salimos varias noches hasta tarde. En las reuniones, habrá muchas cosas ricas para comer, y bueno, es una ocasión especial, nos damos el gusto, una vez no pasa nada. Hablamos con mucha gente, nuestra cabeza se llena de palabras, las nuestras, y las de los otros. Tenemos muchas oportunidades para chusmear, criticar, o quizás hablar de nuestros proyectos, las cosas que todavía no hicimos. Toda una semana repleta de estímulos… como será mi práctica espiritual esa semana? ¿Podré levantarme para meditar? Si, logro sentarme en el almohadón, ¿cómo será mi meditación? ¿Podré hacer foco en algo, donde estarán mis pensamientos? Seguramente estaré pensando en lo que dije, lo que me dijeron, y mi mente estará agitada y distraída. O quizás tenga sueño, porque me acosté tarde, y entonces estaré cabeceando, cayendo en el letargo. ¿Y cómo se sentirá mi cuerpo? Sentada en meditación, quizás me duela, porque no pude practicar yoga, y se me duermen las piernas. Si logro encontrar el momento y la voluntad para hacer yoga, ¿cómo se sentirá mi cuerpo, estará liviano y flexible?

Entonces, para que mi práctica espiritual sea exitosa, tengo que abandonar todo lo que me gusta, lo que es divertido, lo que me trae placer? El Maestro Svatmarama nos está diciendo que para encontrar el camino, tenemos que matarnos de hambre, recluirnos de la sociedad, vivir como ermitaños, y abandonar a nuestra familia? Pensar así, sería entender mal el sentido de sus enseñanzas. Más allá de moderarnos en todas estas conductas, lo que tenemos que cambiar es la manera en que pensamos acerca de todas estas cosas que nos gustan, nos divierten y nos entretienen. Creemos que existen de su propio lado y son la fuente de nuestra felicidad. Seguramente tendremos que ajustar y modificar muchos de nuestros hábitos, sin embargo los principales ingredientes para plantar nuestro mandala, el mundo perfecto que tanto deseamos, serán la sabiduría con la que entendemos nuestra realidad, y el servicio a los demás.

Maite Mendiola
Pediatra Homeopatica y Profesora de Kaladanda Yoga

 

Tips para la practica del Yogui o Yoguini

1.15 Hay seis cosas

Que harán que tu práctica de yoga

Se deteriore:

Comida excesiva u otro tipo de estímulos;

Hacer viajes al exterior;

Hablar sin sentido;

No mantener tus compromisos;

Estar en medio de grupos de gente;

Y tener inconsistencia o agitación

En tu práctica.

Del Hatha Yoga Pradipika,

Maestro Swatmarama.

El Maestro Svatmarama escribió el Hatha Yoga Pradipika en la India hace varios siglos atrás (la fecha es incierta, se estima que fue entre 1350 y 1500), como un manual paso a paso para alcanzar la iluminación. En este verso nos da una serie de consejos, acerca de las cosas que debemos evitar para que nuestra práctica “no se deteriore”. Estas simples instrucciones fueron escritas cientos de años atrás, por un yogui, en un país lejano al nuestro no solo en distancia, sino también en lo cultural, ¿podemos aplicar sus consejos a nuestra agitada vida moderna? Pareciera que nos pide que renunciemos a tantas cosas que nos gustan, a las que estamos tan apegados. Sin embargo, todas esas cosas son las que nos producen sufrimiento, no porque sean malas en sí mismas, sino porque estamos convencidos que nos producirán felicidad.

Comida excesiva u otro tipo de estímulos.

Comer demasiado, parece obvio, no es propio de un yogui o una yoguini. La imagen que tenemos de un buen yogui, es de una persona delgada, liviana, y flexible. Si comemos en exceso, es evidente que no tendremos ese cuerpo que imaginamos. Cuanto comemos entonces es importante, y a medida que avancemos en nuestra práctica, esto debería volverse algo natural y espontáneo que no implica una restricción activa de nuestra parte; comenzamos a percibir que es lo que nuestro cuerpo nos está pidiendo, que es lo que necesita, y probablemente, comience a necesitar mucho menos. A veces no es la cantidad de comida lo que nos perjudica, sino el apego que tenemos a determinados alimentos, nuestra adicción al azúcar, o al chocolate por ejemplo. Esto quizás sea más difícil de dominar que la cantidad, ya que muchas veces implica un cambio de hábitos muy arraigados; acostumbramos a nuestros cuerpos a determinados alimentos, y cuando los queremos dejar, se siente la abstinencia. Esta vida loca nos pide estímulos, más café, más azúcar, y no estamos acostumbrados a parar, y escuchar, que es lo que realmente estamos necesitando. Este cuerpo humano en el que nacimos, será el vehículo para nuestra iluminación, por lo tanto debemos cuidarlo como a un templo; si queremos tener el cuerpo de un ser iluminado, debemos tratarlo como tal.

Hacer viajes al exterior.

¿No podemos viajar, irnos de vacaciones? ¿No será demasiado? Estamos constantemente buscando cosas afuera que nos hagan felices, y los viajes son un claro ejemplo. No creo que se trate de no viajar nunca más, ni de no tomarse vacaciones. Creo que se trata de ver donde tenemos nuestro foco, donde está nuestra intención. ¿Estamos buscando miles de distracciones, para seguir dormidos y no pensar? El camino espiritual es un viaje hacia nuestro interior, y no necesitamos ir a la India para dar un vuelco a nuestras vidas.

Hablar sin sentido.

Este es otro pasatiempo en el que nos enganchamos fácilmente. No solo en nuestras conversaciones, con el chusmerío y la charla sin sentido, sino también en el tiempo que dedicamos leyendo sobre la vida de otros, por lo general deleitándonos en sus desgracias y problemas. Tampoco significa que ahora nos volvemos mudos, y solo hablemos de cosas “importantes”. Corremos el riesgo de caer en la soberbia espiritual, creyendo que nosotros solo hablamos de cosas profundas, y juzgamos a nuestros amigos o familiares. Otra vez, lo importante es la intención que tenemos en nuestro corazón. Seguramente tenemos que escuchar más, y hablar menos, y que nuestras palabras sean un servicio para los demás.

No mantener tus compromisos.

Aquí el Maestro Svatmarama nos da una lista muy precisa de diez compromisos que recomienda que respetemos. Debemos tener disciplina en nuestra práctica, si practicamos sin constancia en el tiempo y sin esfuerzo, difícilmente veamos resultados. También debemos practicar el contentamiento, estar contentos con lo que tenemos, no estar permanentemente pensando que “necesitamos” otro par de botas, u otro libro de yoga, porque entonces sí, ahí vamos a ser felices. Luego dice “creer en cosas elevadas”, o sea, no banalizar las cosas y las personas en mi vida; si no practico verlos a todos como sagrados, difícilmente pueda alcanzar a ver una mejoría en mi mundo. Dar, ser generosos, no dar lo que nos sobra o nos molesta, dar lo que el otro necesita, cuando lo necesita, y eventualmente, como decía la Madre Teresa, dar hasta que duela. Hacer ofrendas a tu Maestro, tratarlo como lo más sagrado que hay en mi mundo; y recordar porqué le hago ofrendas, ya que él o ella, no necesitan nada. El Maestro también dice que debemos escuchar enseñanzas y estudiar, necesitamos miles de horas de enseñanzas y estudio para poder entender de donde vienen realmente las cosas en nuestro mundo. Luego habla de tener un sentido de vergüenza, y aquí hay dos tipos de “vergüenza”. Hay un tipo de vergüenza que es la hace que dejemos de hacer ciertas cosas, aún cuando nadie nos ve, porque no queremos ser ese tipo de persona, queremos ser éticos. El otro tipo de vergüenza es cuando evitamos hacer algo malo, porque nos da vergüenza que nos vean, ya sea nuestro maestro o nuestros seres queridos. Los últimos dos compromisos que menciona Svatmarama son la recitación de mantras, y las ofrendas de fuego (esta última se realiza generalmente en el contexto de algún retiro o al finalizar un retiro).

Estar en medio de grupos de gente.

Este consejo es especialmente complicado para muchos de nosotros. Vivimos en una sociedad en la que se le da gran importancia a la familia y la amistad. Estamos ocupadísimos, tenemos que sacar la agenda para encontrar un espacio libre, para encontrarnos con nuestros amigos. Todo esto ocupa lugar en nuestra vida, ocupa tiempo que podríamos estar dedicando a nuestra práctica. No se trata de convertirnos en ermitaños, sino de restringir la vida social a lo indispensable, y tener en claro cuáles son nuestras prioridades. Si me voy a quedar despierta hasta la madrugada en una reunión, difícilmente podré levantarme temprano para meditar antes de comenzar mis actividades.

Y tener inconsistencia o agitación en tu práctica.

Si no evitamos todo lo anterior seguramente tendremos inconsistencia y agitación en nuestra práctica. Me imagino una semana llena de reuniones, quizás como a fin de año, o ese mes que caen juntos todos los cumpleaños. Salimos varias noches hasta tarde. En las reuniones, habrá muchas cosas ricas para comer, y bueno, es una ocasión especial, nos damos el gusto, una vez no pasa nada. Hablamos con mucha gente, nuestra cabeza se llena de palabras, las nuestras, y las de los otros. Tenemos muchas oportunidades para chusmear, criticar, o quizás hablar de nuestros proyectos, las cosas que todavía no hicimos. Toda una semana repleta de estímulos… como será mi práctica espiritual esa semana? ¿Podré levantarme para meditar? Si, logro sentarme en el almohadón, ¿cómo será mi meditación? ¿Podré hacer foco en algo, donde estarán mis pensamientos? Seguramente estaré pensando en lo que dije, lo que me dijeron, y mi mente estará agitada y distraída. O quizás tenga sueño, porque me acosté tarde, y entonces estaré cabeceando, cayendo en el letargo. ¿Y cómo se sentirá mi cuerpo? Sentada en meditación, quizás me duela, porque no pude practicar yoga, y se me duermen las piernas. Si logro encontrar el momento y la voluntad para hacer yoga, ¿cómo se sentirá mi cuerpo, estará liviano y flexible?

Entonces, para que mi práctica espiritual sea exitosa, tengo que abandonar todo lo que me gusta, lo que es divertido, lo que me trae placer? El Maestro Svatmarama nos está diciendo que para encontrar el camino, tenemos que matarnos de hambre, recluirnos de la sociedad, vivir como ermitaños, y abandonar a nuestra familia? Pensar así, sería entender mal el sentido de sus enseñanzas. Más allá de moderarnos en todas estas conductas, lo que tenemos que cambiar es la manera en que pensamos acerca de todas estas cosas que nos gustan, nos divierten y nos entretienen. Creemos que existen de su propio lado y son la fuente de nuestra felicidad. Seguramente tendremos que ajustar y modificar muchos de nuestros hábitos, sin embargo los principales ingredientes para plantar nuestro mandala, el mundo perfecto que tanto deseamos, serán la sabiduría con la que entendemos nuestra realidad, y el servicio a los demás.

Maite Mendiola

Pediatra Homeopatica y Profesora de Kaladanda Yoga