Nuestra Historia
Kaladanda abrió formalmente sus puertas en San Isidro, Buenos Aires, en 2007, pero el camino había comenzado veinticinco años antes con una escuela de danza en una pequeña casa no muy lejos de la actual.
En 1992 la escuela pasó a llamarse Estudio de Danza Creativa. En 1996 se sumaron Teatro, Arte y Gimnasia Rítmica Expresiva. Al año siguiente comenzaron las clases de Yoga.
El nombre Kaladanda me lo dieron mis queridos maestros Geshe Michael Roach y Lama Christie McNally en 2005 mientras enseñaban el Hatha Yoga Pradipika, un antiguo texto del yoga.
En 2006 los maestros visitaron nuestro país, y fue entonces cuando con Tomás García Laredo decidimos unirnos en el proyecto Kaladanda. Juntos mudamos la escuela a su lugar actual y le sumamos los espacios Salud y Kaladanda Solidario.
Kaladanda alude al verdadero objetivo del yoga que es transformarlo todo, transformándonos a nosotros mismos
El nombre es la unión de dos vocablos de la lengua sánscrita. Kala que significa muerte o tiempo y Danda que significa bastón o palo. Kala+Danda, según el contexto, significan algo así como: el fin de la muerte, el fin del tiempo, el fin del sufrimiento, la unión de las polaridades, la felicidad suprema, el amor infinito, la libertad, la iluminación.
Kaladanda es un espacio que creamos a diario todos los que trabajamos aquí. Las actividades que ofrecemos, para niños y adultos, invitan a viajar hacia el interior en búsqueda del tesoro con potencial infinito que duerme en el corazón de cada ser.
Porque todos somos un proceso en cambio constante nuestra tarea es acompañar el proceso de transformación de las personas que se acercan.
Es nuestro deseo que cada alumno encuentre su tesoro.
Dicen por ahí los sabios, que cuando esto sucede, la paz, la alegría y el amor comienzan a brotar y cada persona a su manera, como un suave y exquisito perfume, lo lleva a todas partes.
Carola Terreni
Fundadora y Directora de Kaladanda
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Había una vez un hombre muy trabajador que solía preocuparse mucho porque no podía satisfacer todas las necesidades de su familia como hubiera querido.
Un día mientras rezaba un Angel apareció y le dijo:
“Sígueme” y el hombre lo siguió al mas espeso bosque. “Excava aquí” le dijo el Angel. Y el hombre sintió una fuerza en su cuerpo que no había sentido desde la juventud. Usando sus manos excavó profundo y encontró un tesoro perdido, y su relación con el mundo cambió.
Encontrar la belleza del corazón nos libera completamente de las preocupaciones.
“Excava aquí” dijo el Angel “En tu corazón, en tu corazón”.
San Juan de la Cruz







