La meditación parte I
Durante julio y agosto compartiré un capitulo del libro
“El Jardín, una Parábola” que escribió mi amado maestro Geshe Michael Roach. Capitulo a capitulo Geshe Hla nos introduce en forma de cuento a cada una de las realizaciones espirituales que tienen todos los que entran en el camino. Todo comienza cuando un joven es llevado a un místico jardín por una bella mujer, (la sabiduría en forma física), y allí se encuentra con los grandes Maestros del Budismo Tibetano. En el capitulo de la meditación, que vas a leer ahora, el joven se encuentra con el gran meditador Kamala Shila, aquel que ganó en debate a los que pensaban que meditar es “pensar en nada o vaciar la mente”.
Espero que disfrutes de este bello cuento y que despierte en tu mente preciosas semillas sagradas :-)
… “Dediqué mucho tiempo al estudio de los textos sagrados y a los pensamientos que surgían sobre la muerte en mis caminatas. Y llegué a sentir que existía algún camino que aprender para dar respuesta a mis preguntas, y anhelé profundamente dicho camino. Y así de nuevo me sentí atraído hacia el Jardín adonde entré justo después del anochecer, en una época del año en que el desierto entraba en su sutil primavera: el aire se sentía ligeramente dulce, el verdor era escaso pero la hierba maravillosa, y los arbustos de rosas crecían rodeados por las paredes de piedra de aquel estimado lugar. Una vez allí, de nuevo, la esperé.
Esta vez la espera no fue larga, pero los pasos que sentí aproximarse desde la oscuridad del portal fueron tan decepcionantes como rápidos, pues aquellos andares eran totalmente diferentes a los de Ella. Era un andar más bien mesurado, alegre, pero sin brincos, casi del tipo ejecutivo y, sobre todo, pesado. Me di la vuelta y vi al Gran Meditador, Kamala Shila.
No era en absoluto como lo habría podido imaginar: no mostraba una presencia severa y austera, ni un rostro o un cuerpo que hubieran experimentado hora tras hora los rigores de la meditación profunda al borde de un rocoso precipicio himalayo, once silos atrás. Aquí estaba la persona real y de ningún modo era así. Era de estatura media y regordete, llevaba sus ropas sujetas demasiado arriba, llegándole casi a la altura de las rodillas y dándole una apariencia divertida, como la de un joven. Su rostro encajaba con el resto: mejillas redondas y felices, una buena nariz, piel oscura propia de la India, pequeños mechones de pelo blanco rasurado en la parte superior de la cabeza y sobre todo, ojitos brillantes, en un estado constante de risitas, al igual que él.
-¿Quieres conocer el Camino!?- preguntó.
-Si, por supuesto- respondí, ya que poder conocer el verdadero sufrimiento del mundo y anhelar el camino para escaparse es algo muy serio.
-Por qué no?- se rió él- Y por que no!
-Quiero saber por que murió mi madre -respondí con tristeza- y quiero saber si habría podido hacer algo para evitarlo, o si aun ahora hay algo que pueda hacer por ella, y si tiene que ser siempre de este modo.
-Si!, Si!- contesto- Puedo! ¿Por qué no? Tienes que aprender a meditar!- y se desplomo sobre el colchón de hierba debajo del algarrobo, bendito por las tiernas noches que había pasado allí con Ella.
Se movió para dejarme sentar a su lado. Yo ya había hecho algo de meditaron con amigos en la Academia y había leído un poco al respecto, así que me senté erecto, cerré mis ojos e intenté no pensar en nada.
Se rió y me dio un golpe fuerte en la espalda.
-¿Qué estás haciendo?- me preguntó divertido.
-Meditando!- dije.
-¿Correrías una carrera de velocidad sin un calentamiento previo?- pregunto alegremente.
-Por supuesto que no.
-Tienes que hacer el calentamiento!- se rió, incorporándose de nuevo.
-¿Qué es el calentamiento?- dije, levantándome de mal humor al pensar en estiramientos de piernas y otros ejercicios desagradables.
Por primera vez, Kamala Shila me miro con un poco de dureza:
-Todo el mundo quiere meditar! Nadie sabe cómo hacerlo! Tienes que hacer el calentamiento bien hecho!- dijo
-¿Qué es el calentamiento?
-En primer lugar, limpia!- gritó y empezó a correr por el pequeño lecho de hierva, bajando su pequeña panza para recoger hojas sueltas y ramitas hasta dejar la superficie de la hierba suave y limpia a la luz de la luna, preciosa para la vista, un lugar agradable para meditar- Haz esto en tu habitación, ¿de acuerdo?
-De acuerdo- respondí y empecé a sentarme.
-No olvides los regalos!- gritó con agudeza.
-¿Qué regalos?- dije.
-Va a venir gente importante- dijo riendo compulsivamente-necesitas algunos regalos bonitos para cuando lleguen aquí.
Miré dubitativamente al portal del Jardín, aprensivo ante la idea de ver a una mulitita de felices meditadores como el mismo:
-¿Quién va a venir?- pregunté.
-Nadie que tú puedas ver!- respondió. Se dirigió al banco de madera y hurgando en la parte superior de su vestimenta saco una bolsa conteniendo tacitas de arcilla. Que empezó a colocar en fila. Llenó tres con un poco de agua de la fuente y seguidamente arranco una pequeña flor roja de un arbusto espinoso (después de lo que pareció una pequeña oración como si estuviera pidiendo permiso al arbusto para hacerlo), y la coloco en la cuarta tacita.
De una salvia y un enebro junto a la fuente tomo un par de pimpollos que colocó en una quinta taza, reuniendo en la sexta algo de hierba seca. Del árbol de mandarinas pegado al portal, tomo un fruto, le quito la piel y puso un par de trozos en la séptima taza y con agrado se comió el resto, hablando mientras se movía y masticaba y colocaba también un gajo en mi mano.
-Supón- dijo entre mordiscos- que alguien muy importante tuviera que presentarse en este Jardín esta noche durante nuestra meditación. Quizás incluso una gran Reina de pelo dorado y con una corona de oro…-me guiñó el ojo con astucia, como si supiera por qué mi corazón me obligaba a regresar a este lugar-. Querrías darle una bienvenida apropiada tal y como vosotros, la gente del desierto, hacéis con vuestros invitados.
-Pero ¿a quién esperas realmente?- pregunte.
-Debes invitar a los Iluminados!-dijo riendo- ¿Cómo puedes meditar si no están contigo? ¿Cómo puedes meditar sin la presencia, aunque solo sea en tu mente, de tu Maestro del Corazón?
Estas últimas palabras, Maestro del Corazón, me golpearon profundamente, como una punzada en el pecho, porque lo único que podía imaginar cuando pensaba en el “Maestro del Corazón” era en mi Dama dorada.
-Ahora- continúo, inclinándose sobre las tacitas- ponlas en orden, así. Una taza de agua representa el ofrecimiento en una copa de cristal de una bebida agradable y maravillosa, para agasajar a un invitado.
-Después hay otra taza de agua- mientras tanto iba moviendo las tacitas de un lado a otro, como jugando con caracoles-, un recipiente con agua caliente procedente de fuentes termales, agradable para lavar los pies del invitado, cansado de su viaje.
-En tercer lugar está la flor. A todos les encantan las flores- aspiró profundamente la fragancia de la flor-A continuación el incienso- y con una chispa de una piedra, que saco de los pliegues sin fondo de sus vestimentas, prendió las hojas fragantes en la siguiente taza.
-¿Siempre llevas estas cosas contigo?- pregunte secamente.
Se volvió lentamente, serio como un cadáver y me miro a la cara:
-¿Quieres el Camino? Tienes que meditar. ¿Quieres meditar? Tienes que hacer un calentamiento! Por supuesto, las llevo a todas partes y medito…en todas partes!
Encendió la hierba seca en la siguiente taza que contenía resplandecientes y aromáticas brasas:
-Es muy bello encender la luz cuando viene una visita. Ahora, mueve la siguiente taza de agua en la hilera; es un ungüento aromático con el que unges al invitado, usa tu imaginación y disfrútalo. Estoy seguro que hay en tu imaginación algún invitado al que te gustaría ofrecer este ungüento perfumado- y me miro de soslayo, de un modo extraño recordándome a alguien.
-Ahora, el último de la hilera: pon ahí el trozo de fruta, que es adecuada para alimentar y honrar al invitado.
Me preguntaba si empezaríamos realmente la meditación en algún momento; el intuyo mi pensamiento y con un matiz de exasperación dijo:
-Necesita su tiempo. Debes presentar bien estos regalos.
-¿Es que los usan realmente?- pregunte cortésmente.
-Por supuesto que no – dijo-. Crees que los Iluminados necesitan comida para comer o agua para beber?
-Bien, en este caso- respondí- ¿Para qué ponemos estas cosas? Yo creía que íbamos a meditar.
-¿Quieres correr? Tienes que hacer un calentamiento! No puedes meditar sin Ellos, no puedes meditar sin tu Maestro del Corazón aquí, contigo, ayudando, bendiciendo, concediendo fuerza. La preparación de los regalos prueba que deseas que vengan aquí: por favor….vengan, quédense conmigo un rato mientras medito.
Después, de repente, Kamala Shila se puso a cantar dulcemente: era una oración; dirigía su rostro angélico hacia arriba y aunque tenía los ojos cerrados era como si estuviera viendo a alguien allí encima de nosotros, en el cielo repleto de estrellas, y era a quien estaba asiendo aquel ofrecimiento.
Al terminar, bajó su rostro y me miro feliz:
-Este es el último regalo, mi preferido: antes de sentarte a meditar dales siempre un poco de música.
-Así por fin ¿nos podemos sentar a meditar?- pregunté con ternura. Puesto que nadie podía negar la belleza y el sentimiento del lugar de meditación que Kamala Shila acababa de crear. Con toda seguridad, tanto el Jardín como mi propio corazón se habían calentado realmente y me sentía bien, listo para empezar la meditación.
-Sí, ¿por qué no? Es el momento de sentarse! Exclamo. Me incline para sentarme, pero sentí que su brazo tiraba de mi.
-¿Y ahora qué?
- Te has olvidado de postrarte- dijo, como si le sorprendiera mi ignorancia al respecto. Junto sus manos sobre el pecho, una contra la otra, y se postro con gracia y respeto, como si algún ser especial estuviera frente a él, luego, despacio, se sentó en la hierba.
Le imite y me instale en la hierba, pero el se incorporo de nuevo como una pelota de goma. Yo estaba muy irritado, pensando en lo tarde que se estaba haciendo, y me senté de mal humor, con la mirada fija. El paseaba a mí alrededor como una abeja revoloteando en torno a una flor.
-¿Dónde esta tu asiento? ¿No tienes asiento de meditación? Tienes que tener la parte de atrás más elevada que la parte frontal!
Agarró mi hombro y me empujo hacia delante mientras metía bajo mi trasero un pliegue de ropas (que había aparecido misteriosamente de debajo de su vestimenta).
Puso su mano en mi tobillo izquierdo:
-Ponlo sobre tu muslo derecho! Siéntate recto!- me dio una palmada en la espalda para ponerla derecha, -baja el hombro derecho para que se nivele con el izquierdo! Colócalos a la misma altura. Deja la cabeza fija ¿Es que no te han enseñado nada?- sentí deseos de estrangular al gran maestro humorista.
-No mires hacia abajo, no mires hacia arriba, tan solo al frente, y deja de caerte hacia la izquierda- sus dos manos me estaban sujetando las sienes de la cabeza como una prensa- ¿Dónde tienes la lengua?
-En la boca, como es natural- contesté. El no parecía estar escuchando.
-Colócala suavemente detrás de los dientes. Mantén la boca suelta, natural como siempre- agregó- No puedes meditar si estas babeando o tragando saliva toda la noche verdad? Deja de respirar por la boca! Te quedarás seco!
Consiguió ponerme recto y tuve que admitir que me sentía bastante bien.
-¿No debería cruzar ambas piernas sobre mis mulsos como en las imágenes?- pregunté.
-¿Un loto completo? Si puedes esta bien, pero para ti no es posible hasta que practiques más. Lo principal es sentirse totalmente cómodo, para concentrar la mente, sin preocuparte de lo que te duelan las rodillas. Si lo deseas, incluso puedes sentarte en el banco- explicó con celeridad, colocándose a mi lado en loto completo.
Cerré los ojos y entre en un estado de paz, aquí en el tranquilo Jardín, el Jardín de mi Dama dorada; y de nuevo, le tenia al maestro ante mi rostro.
-¿Qué pasa, acaso te vas a dormir?- preguntó.
Abrí los ojos y los fije justo en un dibujo esculpido frente a mí en la pared.
-La gente de aquí, ¿meditáis con la mente o con los ojos?- pregunto de nuevo.
Le miré enojado.
-Bien, sino puedo cerrar los ojos ni tampoco abrirlos, ¿qué quieres que haga?
-Mírame- dijo sentándose con la cabeza firme y erguida, pero con los ojos entreabiertos, mirando alegremente hacia abajo, sin enfocarlos en nada en particular, como si estuviera en una especie de profundo ensueño. Y me percaté de que aquel era el quid de la cuestión-.Si te distraes mucho los puedes cerrar, pero piensa que tu mente esta muy habituada a dormirse cuando los cierras, y quizás te resulte difícil. No obstante, asegúrate de no abrirlos demasiando o empezaras a mirar a todos lados y procura también que el fondo frente a ti sea liso. Como una tela o una pared de un solo color, y sin nada que se mueva y atrape tu ojo o distraiga tu mente.
Así lo hice y sentí que me mente entraba en un estado de enfoque claro. Me prepare para vaciar mi mente….
Pero él estaba de nuevo de pie, corriendo de un lado a otro y yo ya desesperaba de poder meditar con este, el mayor maestro de meditación.
-¿Ahora qué?
-¿Oyes algo?- preguntó con ansiedad.
Baje los ojos y me concentré. Lo único que podía oír era el tintineo familiar de la fuente.
Sólo la fuente allí en la pared- respondí.
-Tengo que irme! – exclamó, corriendo hacia el banco y disponiéndose a recoger las tacitas.
-Qué!- salté- ¿todo este trabajo para que ahora te marches? ¿No puedes quedarte un par de minutos y dejarme meditar a tu lado?
Imposible- anuncio- ruido, ruido. No es bueno para la meditación, debería haberlo notado antes, es imposible meditar si hay ruido a tu alrededor-dijo señalando la agresiva fuente.
-No es tan fuerte- dije. Vamos, inténtalo.
Kamala Shila me miro seriamente
-Me pediste que te mostrara el Camino, Te dije que no hay Camino sin la meditación. Tienes que elegir: tu bonita fuente o tu meditación, tu vida tal como es y como fue la de tu madre, o la Libertad, la Libertad o la fuente. A partir de ahora en tu vida siempre habrá tales dilemas…Me voy.
Miré a mi alrededor con desesperación y mis ojos vieron los ladrillos colocados en circulo alrededor del tronco del algarrobo, tome uno y lo coloque en la boca de la fuente y el agua se detuvo. –Por favor ¿podemos meditar juntos ahora?- pregunte suavemente.
-¿Por qué no?- se rió compulsivamente y nos sentamos en la hierba. Tranquilos y listos para estar en paz.
El alegre hombrecillo se transformo ante mis ojos, la mano izquierda bajo hasta su regazo luego coloca la derecha encima también con la palma hacia arriba; los dos pulgares se tocaban ligeramente, un poco separados de las palmas, su rostro animado cambio en un instante a un semblante sereno, totalmente relajado y tranquilo, una tranquilidad tan poderosa que parecía succionar todo el Jardín, era un reino de silencio total. Yo había ansiado aquella quietud, una quietud que nunca en mi vida me había permitido, y me quedé sentado a su lado, expectante.
En este relato que continuaremos el mes que viene el Maestro Kamala Shila enseña al joven qué hacer antes de sentarse a meditar y luego cómo debe ser el asiento de meditación y la postura, durante todo este mes estaremos repasando estos puntos en Kaladanda.
Carola Terreni



